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Buenos Socios .

Cuando escuche de Pedro Medina (gestor de la fundación yo creo en Colombia) la historia que comparto a continuación, mi reacción fue como el resto del auditorio: una carcajada, llena de complicidad y pena ajena.

Cuenta Pedro que durante una exhibición en un acuario, un biólogo tenía ante el público tres vasijas llenas de cangrejos. La primera, la más alta de todas, tenía un sistema que sujetaba la tapa fuertemente, la segunda, un poco más amplia, mantenía un sistema de cierre menos refinado pero igual de efectivo y el tercero, la más bajita de todas –por cierto el de más actividad colectiva- no tenia tapa.

Los visitantes, muy atentos, sintieron curiosidad por este interesante experimento y preguntaron al científico la razón de este modelo.

 
Recreos Mega
Yo Creo en Colombia

 

El respondió, con particular amabilidad a esta inquietud.

Muy sencillo señores -y con un tono de inteligencia característico, agregó: - El primer grupo son cangrejos traídos de las playas de Honsü en Japón. Hay que tener el recipiente fuertemente cerrado porque ellos tienen la habilidad de construir eficaces estructuras uno sobre otro, creando un equipo sólido y coordinado que muy fácilmente alcanza la salida. Y cuando el primero lo logra, ayuda de inmediato a los demás. Por eso hay que cerrarlo.

El segundo grupo, es una muestra de cangrejos Norte Americanos, traídos directamente de las playas de Liberty Island y tienen como peculiaridad alcanzar eficacia trabajando en organizaciones estructuradas, desarrollando modelos tan sofisticados y en un poco mas del tiempo que el primer grupo, ensayando muchas veces las estrategias mas apropiadas, alcanzan la salida del acuario. Y cuando uno lo hace, de acuerdo con una estricta jerarquía y recompensa, ayudan a salir los demás.

En este punto, nuestro científico estaba bastante emocionado y se detuvo mirando, con cierto duelo el tercer grupo.

Un asistente, no pudo esperar más y preguntó al expositor: – Pero cuénteme, que maravilla, este tercer grupo, esta entrenado, es acaso el más disciplinado, logró usted enseñarle a quedarse donde están sin problemas?

No. Respondió solemnemente el biólogo. Es que estos cangrejos son traídos de las playas de Salgar en Colombia y como buenos latinoamericanos, no solamente quieren hacerlo todo solos, sino que apenas cualquiera alcanza la salida, los demás lo agarran y lo meten nuevamente al frasco.

Tengo que confesar, que he alterado algunos nombres por motivos de seguridad, pero el significado de la historia permanece intacta.

Históricamente nos ha costado asociarnos. Preferimos hacer las cosas solos. Si tenemos empleados, no podemos perderlos de vista y una gran parte de nuestro trabajo es desarrollar formas de mantenerlos bajo control. Si nos agrupamos para desarrollar una idea, tenemos la profunda sospecha, que como somos los que hacemos más, o el otro no trabaja correctamente (a nuestra manera), muy pronto le compraremos su parte o le venderemos, ya que es nuestra intención desarrollar algo mejor, pero ya individualmente.

Nos cuesta trabajo entender que las sociedades son un matrimonio de conveniencia, y que funciona.

Algunos sabios populares en nuestra tierra señalan que muere más gente de envidia que por guerras. Apenas se dan cuenta que su vecino cangrejo lo esta logrando, ahí mismo le ponen zancadilla.

La tendencia a buscar ventaja, a mantenerse dentro de grupos de “confianza”, nos lleva a sostener relación de negocios con los mismos de siempre. Por eso cerramos fronteras, desarrollamos mecanismos, a veces complicados, para mantener la mayor parte de cangrejos dentro del recipiente (o quise decir olla, por su connotación regional ). Somos expertos en inventar excusas nacionalistas para evitar competir con países de gran desarrollo, sin comprender que precisamente en la sociedad esta la salida para mitigar esta sed de recursos que tenemos en nuestros pueblos.

No quiero entrar en detalles sobre las razones políticas, sociales, culturales etc. que han creado esta aparente sequía. Por lo menos todavía no. Más bien quiero concentrarme en la sociedad como una de las soluciones más eficaces para el desarrollo.

Debo empezar por anotar que la sociedad, a nuestra particular manera de entender la vida, es hacer amistad en los negocios. Y es esta la razón más común de su ruptura. Nosotros tenemos que ser amigos de nuestros socios.

Es común en nuestra cultura pensar que todos tratan de despojarnos de lo que nos pertenece y demostrar lo contrario se convierte en un requisito para asociarse con alguien. Cuando conocemos un proyecto, por muy bien documentado e impecablemente elaborado que parezca, estamos mas concentrados en localizar la trampa que donde esta la mejora o la oportunidad. En general, somos por naturaleza desconfiados.

Los modelos teóricos y las proyecciones donde hay ciclos de inversión, retorno y ganancias no son nuestros favoritos. Los nuestros son mas simples; inversión (y entre mas pequeña mejor) y ganancias (las mayores posibles). Rechazamos la idea de tener que esperar para ganar, por eso las inversiones de largo plazo son sencillamente inaceptables.

Pare entender en toda su dimensión este mensaje, le sugiero leer el libro “Guía para invertir” de Robert Kiyosaky, cuando se refiere a crear una empresa. En su lenguaje sencillo le transmite al lector con claridad que para desarrollar una corporación con éxito financiero requiere uno asociarse (con las personas adecuadas obviamente) y que encontrar ese grupo de personas, que por conocimientos, personalidad y visión complementan nuestras fortalezas, son las que finalmente definirán nuestra vida. Para asociarse hay que aprender a leer cifras, apartar un poco las historias y centrarse en los resultados, enfocar esfuerzos en entender el negocio y sus tendencias, desarrollar habilidades en áreas que nos hacen sentir incómodos, crear una red de personas beneficiarias de la labor que uno desarrolle y finalmente (y no menos importante) divertirse en el camino.

Asociarse es una excelente solución. Está usted listo para no ser una muestra del tercer recipiente?

 
 
 
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